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Paloma Valdivia y su visita a China: "La literatura infantil cumple una función diplomática fundamental"

La autora e ilustradora chilena fue invitada como jurado al principal concurso de libros ilustrados de China, presentó sus obras traducidas al chino y regresó convencida de que la literatura infantil es una de las herramientas más poderosas para acercar culturas.

Viernes 31 de julio de 2026

De regreso en Chile tras participar como jurado del principal concurso de libros ilustrados de China, Paloma Valdivia (1978) vuelve con la convicción de haber vivido una de las experiencias más enriquecedoras de su trayectoria. Durante su estadía participó en actividades oficiales, presentó sus libros traducidos al chino, impartió talleres y compartió con lectores, ilustradores y representantes del mundo cultural chino, descubriendo un país donde la literatura infantil ocupa un lugar de profundo reconocimiento institucional.

Autora e ilustradora chilena, Paloma Valdivia ha construido una de las trayectorias más destacadas de la literatura infantil iberoamericana. Diseñadora de la Pontificia Universidad Católica de Chile y con estudios de Ilustración Creativa en la Escuela Eina de Barcelona, su obra ha sido traducida a doce idiomas y actualmente dirige el Diplomado en Ilustración y Narrativa Autobiográfica de la Universidad Católica.

Su proyección internacional se consolidó tras obtener en 2023 el Grand Prix de la Bienal de Ilustración de Bratislava, uno de los más importantes reconocimientos mundiales de la especialidad. Dos años más tarde regresó a Eslovaquia como jurado de la misma bienal y fue precisamente en esa instancia donde una editora china conoció su trabajo, invitándola a integrar el jurado del concurso que distingue a los mejores libros ilustrados de China.

La relación de la autora con el mercado editorial chino ya tiene una historia consolidada. Cuatro de sus obras han sido traducidas al chino: “Caperucita roja", de Gabriela Mistral; “El libro de las preguntas", de Pablo Neruda –actualmente en proceso de traducción–; y dos títulos de su autoría, “Los de arriba y los de abajo" y "Es así". Durante su reciente visita presentó tres de estos libros en la Biblioteca Infantil de Shanghái.

En algún momento comentaste que te sentiste como una verdadera embajadora de Chile en China. ¿A qué te referías?

En China, la gran mayoría de las editoriales pertenecen al Estado, lo que convierte a la selección de los mejores libros ilustrados del año en un acontecimiento de enorme relevancia institucional y nacional. En este contexto, me sorprendió profundamente el nivel de profesionalismo, rigor metodológico y solemnidad de la organización; de hecho, nunca antes había participado en un certamen con una ejecución tan impecable.

El comité estuvo compuesto por doce integrantes, todos de origen chino, a excepción de la directora de la Bienal de Bratislava y yo. Entre los miembros había editores, profesores universitarios, críticos literarios, artistas (…) y editores jubilados —antiguos directores de grandes grupos editoriales—, cuyas opiniones eran escuchadas con un respeto y una validación admirables.

Cada jornada estuvo acompañada por ruedas de prensa multitudinarias, rodeadas de periodistas y personalidades del ámbito literario. Asimismo, los organizadores prepararon cenas protocolares cada noche con el fin de propiciar encuentros con figuras clave de la cultura local, como la directora de la Escuela de Cine de Shanghái o ilustradores chinos de renombre internacional. Más allá de mi rol técnico como jurado, fue evidente el genuino interés por estrechar lazos y tender puentes culturales entre Chile y China.

Como jurado, ¿qué tendencias observaste en la ilustración infantil china?

Más allá de las tendencias locales, me pareció que las obras seleccionadas alcanzaban una calidad de excelencia. Al no estar tan habituados al mercado editorial chino, me sorprendió gratamente la belleza de sus ediciones, pero por sobre todo la libertad creativa de algunos títulos: propuestas singulares y audaces que resultan poco usuales en nuestro entorno. Asimismo, fue sumamente grato encontrar temáticas universales expresadas con una sensibilidad hermosa y precisa, difícil de describir con palabras. Hubo un libro en particular del cual me enamoré y que me entusiasma enormemente poder publicar bajo nuestro sello, Ediciones Liebre.

La deliberación final representó un verdadero desafío profesional: escoger solo diez títulos entre los treinta preseleccionados fue complejo, ya que cada uno era una auténtica joya. Además, gran parte de ellos estaba ilustrada con técnicas tradicionales chinas, lo que significó un absoluto deleite visual.

Esta experiencia me demostró que debemos explorar con mayor atención el mercado editorial asiático. Aunque solemos adquirir derechos en territorios más conocidos, descubrí que, a pesar de la distancia geográfica, compartimos una misma visión sobre lo que define a un buen libro infantil. Al fin y al que cabo, la vida y los relatos son universales; constatar que algunas de sus leyendas coinciden con las nuestras, diferenciadas apenas por matices culturales, fue un hallazgo hermoso.

Presentaste tus obras traducidas al chino. ¿Qué aspectos despertaron mayor interés?

Durante el viaje, tuve la fortuna de presentar tres de mis libros en la Biblioteca Infantil de Shanghái, un espacio verdaderamente espectacular. Jamás había visitado una biblioteca para niños tan hermosa, meticulosamente pensada y cuidada. Un lugar imponente, lleno de rincones acogedores, detalles sutiles, exhibiciones artísticas, propuestas lúdicas y salas destinadas a talleres. Lo que más me cautivó fue un aula diseñada especialmente para que los niños crearan sus propios teatros de sombras basados en sus ilustraciones.

En ese entorno tan inspirador, compartí un valioso diálogo con Heimi, una reconocida ilustradora china. Nos acompañó un público de alrededor de doscientas personas, en su gran mayoría niños, ya que el formato del encuentro estaba diseñado para propiciar una presentación cercana de nuestras obras y una conversación directa con ellos. Las preguntas que formularon fueron extraordinarias.

Me encantó presentar “Los de arriba y los de abajo”; estar en China le otorgaba todo el sentido del mundo a esa obra en particular. Pude compartir con los pequeños que, cuando yo era niña en Chile, solían decirnos que si cavábamos un agujero muy profundo en la tierra llegaríamos directamente a China. Les conté que pasé mi infancia intentándolo, con la ilusión de llegar a jugar con un niño de su país. Quién hubiera imaginado que, cuarenta años después, estaría allí frente a ellos presentando un libro pensado para ellos. Fue precioso.

Además de “Los de arriba y los de abajo”, tuve la oportunidad de firmar ejemplares de las ediciones chinas de “Caperucita Roja y Es así”. Por último, fue una gran alegría confirmar que la versión ilustrada de “El libro de las preguntas” de Neruda ya se encuentra en proceso de traducción para su próxima publicación en este mercado.

¿Hubo algún descubrimiento de la cultura china que cambió tu forma de valorar el trabajo, o incluso, mirar el mundo?

Quedé profundamente impresionada con la cultura China. Son extremadamente ordenados, amables y rigurosos. Cuidaban cada detalle, integraban a los niños y a los mayores en la comunidad. Utilizaban las calles, valoraban su cultura. Son tantos y tan organizados, que me parece que pueden hacer cualquier cosa. Partiendo por la muralla china, una construcción de 21.000 kilómetros y milenaria. Estar ahí otorga otra visión de la vida, se me abrió una parte del mundo que desconocía, quiero explorarla más, conocer sus historias, su cultura.

Diálogos trascendentales

Como ilustradora y autora, ¿crees que el lenguaje visual facilita el diálogo entre culturas que no comparten el mismo idioma?

Indudablemente. El lenguaje visual, la música y las artes en general poseen la capacidad de revelar lazos invisibles entre las culturas, traspasando las barreras idiomáticas y las diferencias de pensamiento. Existe algo universal que nos unifica: el deseo de expresarnos y de plasmar la experiencia humana. Al evocar las pinturas rupestres en las cavernas, advertimos que su mensaje permanece intacto y comprensible para cualquiera de nosotros. Con el tiempo, me he dado cuenta que la esencia de la experiencia humana es muy similar. Las emociones y los tránsitos que experimentamos no son tan distintos, simplemente nos acontecen a destiempo o se manifiestan bajo distintos matices culturales. Desde esa perspectiva, los relatos y las ilustraciones comparten una misma matriz, enriquecida por las particularidades estéticas e históricas que una cultura milenaria como la china puede conferir a su obra.

Durante mi estancia, tuve la fortuna de compartir con la ilustradora Heimi. Pese a que inicialmente supuse que sería difícil comunicarnos, descubrí en ella a un alma gemela en China. Nos movilizan las mismas inquietudes temáticas, pasión, el mismo rigor por la concepción de nuestros libros y una profunda fascinación por la cultura. Fue una constatación de que la creación artística es, en sí misma, un puente de comunicación.

 ¿Crees que existe un mayor espacio para el intercambio cultural entre Chile y China a través de la literatura infantil y la ilustración?

Sin duda alguna, existe un vasto territorio para la cooperación y el intercambio cultural. En lo personal, he tenido el honor de que cuatro de mis obras hayan sido traducidas al chino: “Caperucita Roja”, de Gabriela Mistral; “El libro de las preguntas”, de Pablo Neruda; y dos títulos de mi autoría, “Los de arriba y los de abajo y Es así”. A través de esta experiencia, pude percibir que China busca integrarse activamente al escenario global de la literatura infantil y juvenil (LIJ), incorporando de manera selectiva a destacados autores y obras de diversas latitudes del mundo.

De hecho, tras mi regreso a Chile, recibí una nueva invitación para visitar la región de las montañas sagradas chinas con el propósito de ilustrar un libro dedicado a su paisaje. Aunque me vi imposibilitada de asistir, considero un hito de enorme belleza y trascendencia que se haya valorado el trabajo de una creadora chilena para interpretar visualmente la geografía y el alma de un territorio al otro extremo del planeta. Si un gesto de tal naturaleza no representa la esencia del intercambio cultural en su máxima y más noble expresión, difícilmente podría concebirse otro camino.

¿Crees que la ilustración puede convertirse en un lenguaje diplomático, capaz de acercar culturas que hablan idiomas completamente distintos?

Sin duda. El mundo de los libros infantiles es mi área de acción y me parece evidente que la literatura para niños cumple una función diplomática fundamental. Un buen libro para niños invita a la reflexión; sus historias enseñan a buscar equilibrios y acuerdos, promoviendo el entendimiento desde la infancia. Asimismo, los libros creados y pensados en Chile actúan como embajadores de nuestra identidad en diversos territorios. Un niño que lee un libro de Chile o una historia chilena está conociendo nuestro país, sus historias y su paisaje. Al conocerlo, desarrolla un afecto por él, y eso tiene un impacto.

Además, Chile posee un talento extraordinario en ilustración y escritura. Al ser invitados o premiados internacionalmente, representamos a nuestro país. Cuando fui jurado en Eslovaquia, fuimos presentados al presidente de la República Eslovaca. Él nos dio la mano a cada uno y tuvo unas palabras reflexivas sobre la relación de nuestros países con Eslovaquia. Fue un acto de diplomacia pura, donde la cultura sirvió como puente para el respeto y el reconocimiento mutuo.

 Durante tu estadía visitaste bibliotecas, participaste en actividades con lectores y conociste de cerca el mundo editorial chino. ¿Qué lugar ocupa la lectura infantil en la vida cultural de China?

Durante mi estadía, la palabra que resonó con mayor fuerza en mi pensamiento fue solemnidad. La literatura infantil y juvenil se aborda allí con el mismo rigor, respeto y cuidado que cualquier otra materia de prioridad nacional. En China, el libro para la infancia goza de una validación y un respeto de carácter institucional. El hecho de que la mayoría de las editoriales pertenezcan al Estado responde, fundamentalmente, a una convicción colectiva: la cultura es un pilar indispensable en la formación del ser humano desde sus primeros años de vida.

Si bien en Chile el panorama ha evolucionado favorablemente y hoy la LIJ (Literatura Infantil y Juvenil) es valorada como parte de nuestro ecosistema cultural, aún no alcanza el estatus ni la solemnidad de la que gozan disciplinas tradicionales como el cine o la literatura para adultos; subsiste, lamentablemente, la percepción de que se trata de una subrama menor de la cultura. Sostengo la firme convicción de que todo desarrollo social, intelectual y ético debe cimentarse en la infancia.